lunes, 7 de septiembre de 2009
Edad moderna
Desde la caída de Constantinopla en manos otomanas (1453), hay un interés creciente del Imperio Turco sobre Viena, dado que era la clave para conquistar los demás países de Europa. Pero sus esfuerzos fracasaron y los austríacos salieron victoriosos de los distintos sitios a los que sometieron a la ciudad, el primero en 1529, a pesar de que inicialmente los defensores de la ciudad sólo recibieron el apoyo poco entusiasta de sus vecinos alemanes. El ejército turco estaba mal equipado para un asedio y su tarea fue obstaculizada por la nieve y las inundaciones. Solimán se retiró a finales de octubre y no pudo reanudar el asedio a su regreso en 1532, cuando encontró a los defensores apoyados por un gran ejército bajo el mando del hermano de Fernando, el emperador Carlos V.
Entre el primero y el segundo sitio turco, las instalaciones defensivas fueron reforzadas y modernizadas constantemente. Esto trajo como consecuencia que se tuvieran que ampliar una y otra vez los espacios libres frente a los bastiones para utilizarlos como campo de tiro. En 1529 estos espacios abarcaban 90 m que, a partir de 1683, fueron ensanchados a 450 m. Hasta 1858 no se construyó ningún edificio en esta explanada.
El segundo sitio se produjo en 1683, en la llamada Batalla de Viena, y marcó el comienzo del declive del Imperio Otomano en Europa. Fue iniciado por el gran visir Kara Mustafá, que necesitaba desesperadamente un éxito militar para reforzar su posición inestable y trató de lograrlo en una campaña contra el emperador Leopoldo I. Los turcos avanzaron con fuerza abrumadora, sitiaron la ciudad el 16 de julio, pero su falta de artillería de asedio permitió a Leopoldo reunir un ejército adicional formado por tropas austriacas, alemanas y polacas, que derrotó a las fuerzas turcas en una batalla librada delante de los muros de la ciudad el 12 de septiembre, que también se conoce como Batalla de Kahlenberg.
Durante el siglo XVIII, los Habsburgo habían convertido a la ciudad en su capital desde 1556 y su importancia se vio acrecentada con la expansión por el valle del Danubio. Se convirtió en un núcleo principal del Barroco europeo gracias a la construcción de importantes obras arquitectónicas y creaciones musicales. En 1800, antes de las guerras napoleónicas, la ciudad contaba con 231.900 habitantes.
Desde el asedio de 1683, en que fueron destruidas numerosas ciudades pequeñas que existían en el exterior de la muralla, en el terreno ondulado situado frente a la ciudad se alzaron los numerosos palacios con jardines. El punto de partida fueron los planos del palacio real de Schönbrunn, elaborados por Johann Bernhard Fischer von Erlach. Hacia 1720 se contaban 200 residencias rurales. El príncipe Eugenio de Saboya había adquirido en 1693 la más bella parcela y una de las más grandes con los primeros ingresos que le habían llegado. Allí tras cuarenta años de trabajo, levantó el Belvedere con sus espaciosos jardines.
Entre el primero y el segundo sitio turco, las instalaciones defensivas fueron reforzadas y modernizadas constantemente. Esto trajo como consecuencia que se tuvieran que ampliar una y otra vez los espacios libres frente a los bastiones para utilizarlos como campo de tiro. En 1529 estos espacios abarcaban 90 m que, a partir de 1683, fueron ensanchados a 450 m. Hasta 1858 no se construyó ningún edificio en esta explanada.
El segundo sitio se produjo en 1683, en la llamada Batalla de Viena, y marcó el comienzo del declive del Imperio Otomano en Europa. Fue iniciado por el gran visir Kara Mustafá, que necesitaba desesperadamente un éxito militar para reforzar su posición inestable y trató de lograrlo en una campaña contra el emperador Leopoldo I. Los turcos avanzaron con fuerza abrumadora, sitiaron la ciudad el 16 de julio, pero su falta de artillería de asedio permitió a Leopoldo reunir un ejército adicional formado por tropas austriacas, alemanas y polacas, que derrotó a las fuerzas turcas en una batalla librada delante de los muros de la ciudad el 12 de septiembre, que también se conoce como Batalla de Kahlenberg.
Durante el siglo XVIII, los Habsburgo habían convertido a la ciudad en su capital desde 1556 y su importancia se vio acrecentada con la expansión por el valle del Danubio. Se convirtió en un núcleo principal del Barroco europeo gracias a la construcción de importantes obras arquitectónicas y creaciones musicales. En 1800, antes de las guerras napoleónicas, la ciudad contaba con 231.900 habitantes.
Desde el asedio de 1683, en que fueron destruidas numerosas ciudades pequeñas que existían en el exterior de la muralla, en el terreno ondulado situado frente a la ciudad se alzaron los numerosos palacios con jardines. El punto de partida fueron los planos del palacio real de Schönbrunn, elaborados por Johann Bernhard Fischer von Erlach. Hacia 1720 se contaban 200 residencias rurales. El príncipe Eugenio de Saboya había adquirido en 1693 la más bella parcela y una de las más grandes con los primeros ingresos que le habían llegado. Allí tras cuarenta años de trabajo, levantó el Belvedere con sus espaciosos jardines.
Clima
Viena presenta un clima continental, propio del valle del Danubio, influido por su cercanía a los Alpes. La temperatura media anual es de 9,5 °C, con una importante oscilación anual, pero escasa en cuanto a la diaria. Las precipitaciones son de 644 mm, sin meses secos, pero con un máximo en verano.
Los inviernos son muy fríos, con temperaturas medias en torno a los 0 °C y frecuentes heladas y nevadas, con récords de -25 °C. Los veranos son suaves y húmedos, las temperaturas, si bien no son cálidas, pueden superar los 35 °C en algunas ocasiones. El otoño y la primavera son muy variables en cuanto a temperaturas, y con precipitaciones relativamente abundantes.
Los inviernos son muy fríos, con temperaturas medias en torno a los 0 °C y frecuentes heladas y nevadas, con récords de -25 °C. Los veranos son suaves y húmedos, las temperaturas, si bien no son cálidas, pueden superar los 35 °C en algunas ocasiones. El otoño y la primavera son muy variables en cuanto a temperaturas, y con precipitaciones relativamente abundantes.
Sus origenes

Los orígenes de Viena se remontan a un asentamiento celta situado donde actualmente se extiende la urbe. En el siglo XIII pasó a depender de la famosa dinastía de los Habsburgo; tras ganar a los turcos en 1683 florece la ciudad de Viena. Se construyen inmensos palacios para la Corte y ya en el siglo XVIII era toda una ciudad imperial. Tras la Primera Guerra Mundial decayó el poder de los Habsburgo y Viena dejó de ser capital imperial. En los años siguientes, la llamada “Viena Roja” (gobierno municipal) luchó por los intereses sociales de la urbe. La Alemania nazi anexionó Austria pero tras la derrota de Hitler en 1945, el territorio quedó bajo control aliado. En 1955 Austria, y por tanto Viena, recobra su independencia y se declara estado soberano.
Viena es una ciudad grandiosa, una ciudad imperial, que alberga numerosos monumentos, museos, palacios y parques. Vivieron en esta ciudad Beethoven (en Pasqualati Haus, entre otros lugares), Mozart (en Viena compuso Las bodas de Fígaro), Freud (en cuyo museo se conserva la sala de espera donde Freud recibía a sus pacientes intacta), Schubert, Strauss… todos ellos grandes personajes de la historia. En el Cementerio central se encuentra el sepulcro de Strauss y una estatua en su honor, en la que aparece tocando el violín, en el Kursalon, donde hace 100 años la familia Strauss tocó sus mejores conciertos. Es raro no ver en una calle del casco antiguo una iglesia o una mansión barroca que recuerde a las épocas de auge musical y cultural de la capital austriaca, destacando el Palacio Belvedere, La Escuela de Equitación de Invierno o la Prunksaal.
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